Historia

La presencia de los incendios forestales en Chile

La historia de nuestros bosques nativos y todo lo que ellos encierran – fauna, suelo, agua, belleza escénica, recreación, madera, biodiversidad, alimentos – y en general de nuestro medio ambiente, no es del todo reconfortante. Sin embargo, debemos conocerla y estudiarla bien, porque no es menos importante que nuestra historia política, social o económica.

El grave problema de ocurrencia y daño producto de los incendios forestales en Chile ha estado presente, primero en forma encubierta, ya que en aquella época se hablaba de “roces”, desde los procesos de colonización. Según DONOSO (1981), la historia del fuego de origen antrópico comienza con la llegada de los primeros conquistadores españoles.

En su “Historia y Geografía Natural y Civil del Reyno de Chile” del padre Felipe Gómez (1748, citado por ELIZALDE 1970) señala que se siguió ejemplo fiel de España:

“El calor proviene de las malísimas prácticas que se tiene de incendiar los bosques con el fin de ahorrar fatigas en cortarlos para tener tierras nuevas. El gobierno debe prohibirlo porque luego se comunica a posesiones de vecinos y quema lo que no había de quemar, no quedando exentas ni aún las casas. En Chile no se toma la más mínima precaución, cada uno se cree dueño de hacer uso de estos incendios sin responsabilidad, ni al Gobierno ni al daño ajeno”…”Lo que sucederá de esto es que al cabo de unos años habrán acabado con ellos, y Chile que ahora podría proveer a todo Europa de las maderas excelentes, no tendrá ni aún para sí”.

Las cifras hablan por sí solas. Federico Albert contabilizó 11 millones de hectáreas de bosques quemados y destruidos desde la llegada de los españoles hasta comienzos del siglo XX. En la Región de Aysen y de Magallanes se quemaron más de 5 millones de hectáreas de bosques entre 1900 y 1960 so pretexto de habilitar terrenos para la agricultura y ganadería, amparados por la Ley de Colonización. Labor que sólo consiguió traer pobreza y erosión. Irracionalidad visible hasta nuestros días.

A mediados del siglo XIX, la población en Chile, si bien había aumentado considerablemente, no sobrepasaba de 1,5 millones de habitantes (CASTRO, 1995). Durante esta época aumenta considerablemente la demanda de trigo para exportación. Lamentablemente, la falta de suelos de cultivo cercanos a los puertos y a las vías del ferrocarril, fue resuelta por el camino fácil procediendo a utilizar el roce a fuego, indiscriminado, para aumentar a toda prisa el área agrícola del país.

Entre 1915 y 1920 producto de la explotación del Ciprés de las Guaytecas en el sur del país, los incendios fueron tan voraces que destruyeron prácticamente todos los bosques de todas las islas, estimándose que sólo al interior hacia el mar en algunas de ellas, como las de Melchor, Victoria, Riveros, Humos y Traiguén, aún quedan algunas selvas de cipreses intactos (ELIZANDE 1970).

Durante los años 1940 se quemaron 100.000 ha de bosques entre Cautín y Osorno, y durante los años 50, otras 70.000 entre Malleco y Valdivia. A fines de 1958 y principios de 1959 ocurrió tal cantidad de incendios en el sur de Chile, hasta Chiloé, que la visibilidad se redujo a 1 Km. de distancia debido al humo que se elevaba a gran altura en enormes columnas, y que cubría el territorio de cordillera a cordillera (DONOSO, 1981).

Todas estas situaciones de grandes incendios forestales, se vieron favorecidas por la presencia de épocas con condiciones de sequías, altamente favorables para la propagación del fuego en los bosques.

No es hasta principios de la década de 1960 cuando comienzan a surgir las primeras voces de alerta sobre los graves procesos de alteración al medio ambiente forestal, en particular, y del ambiente global en general, que trae tras de sí el uso del fuego en forma irracional.

Es así como el año 1962 Carabineros de Chile institución pionera en la prevención y combate de incendios forestales, crea la BRIGADA DE POLICÍA FORESTAL, formando patrullas de control de incendios forestales con personal de Carabineros y Voluntarios, desde Valparaíso hasta Llanquihue. Posteriormente el año 1972, junto con la creación de la Corporación nacional Forestal, entidad dependiente del Ministerio de Agricultura, se comienza a estructurar el Programa de Protección Contra Incendios Forestales, desde la Región de Coquimbo a la Región de Magallanes.

A pesar de estos importantes esfuerzos por combatir este flagelo, la historia actual no dista mayormente de las aberraciones del pasado, a pesar de que se supone que poseemos una mayor educación y conocimiento de las frágiles relaciones que sustentan nuestro único medio ambiente. Desde 1964 a nuestros días se han documentado 1,9 millones de hectáreas quemadas por incendios forestales. Llegándose a contabilizar en la temporada 1998/99 un total de 101 mil hectáreas afectadas por este flagelo. Sin duda cifras impactantes que nos deben llevar a la reflexión, ya que de continuar con esta escalada de destrucción de los escasos recursos forestales, en un plazo no muy lejano, sentiremos manifestado su impacto mediante la pérdida de suelos productivos, erosión, contaminación ambiental y alteración en el ciclo de producción de agua. En concreto desertificación.

Debemos tener en consideración que nuestros bosques nativos no tienen la capacidad de adaptación a los ciclos de grandes incendios forestales. Más aún, los importantes cambios climáticos que está sufriendo el mundo global y que nosotros no estamos ajenos, predominancias de altas temperaturas y aumento de los periodos de falta de precipitaciones, hará que los recursos forestales se encuentren en un permanente riesgo de ser afectados por los incendios forestales.

Por otra parte, estos incendios forestales no sólo están afectando a los recursos forestales, también están poniendo en grave riesgo a la población. Por el aumento progresivo de casas habitaciones en áreas con predominancia de bosques o matorrales y de las áreas de interfase entre la ciudad y el bosques, terrenos que muestran una mayor propensión a ser afectadas por los incendios forestales.

Debemos ser capaces de organizarnos y tomar las medidas preventivas básicas para adaptarnos a este nuevo escenario ambiental y social.

El Coipo Forestín

Desde el establecimiento en Chile de las actividades de protección contra incendios forestales surgió el interés e iniciativa de diseñar un símbolo, que permitiera transmitir mensajes y actuar como vínculo ante la población en campañas de prevención de incendios forestales.

Después de varios intentos y bocetos, entre ellos un puma, un zorro, un árbol y otros, en junio de 1976, durante la Jornada de Evaluación del Programa de Manejo del Fuego de CONAF, efectuada en Concepción, nació la idea de utilizar como símbolo de la protección contra incendios forestales a un coipo, con el fin de disponer de un elemento comunicacional que apoyara las acciones de prevención de incendios forestales, de manera similar al oso “Smokey Bear” de Estados Unidos.

Después de algunos años sin actividad, la iniciativa se retomó con entusiasmo en 1983, en la Región de Valparaíso, a través de la aparición del coipo en el programa del Profesor Rossa, en ese tiempo ambientado en la Reserva Forestal Lago Peñuelas. Un concurso impulsado por CONAF entre los niños, llamado “Póngale nombre al coipo”, lo bautizó con el nombre de “Forestín”. Hoy es el símbolo de la protección de los recursos forestales del país y un gran amigo y educador de los niños.