Prevención

Cómo enfrentar el problema

Prevención

Considerando que en Chile casi el 100 % de los incendios forestales son generados por el hombre ya sea por descuido, negligencia, ignorancia y también en oportunidades por maldad en el uso del fuego, ello nos permite inferir que la protección contra los incendios forestales a través del país, requiere de la acción integrada y mancomunada entre la ciudadanía y los organismos relacionados con esta situación.

Por este motivo, una estrategia en este ámbito debe llevar a la ejecución de acciones orientadas al cambio de conducta y actitud de la población frente a los recursos forestales.

Para ello es importante implementar y desarrollar las técnicas preventivas que se enmarcan en 7 áreas de trabajo complementarias y específicas:

Dos áreas centradas en el cambio de conducta de la población frente al problema y los recursos forestales:

Educación Sistemática, la aplicación de contenidos de prevención en los planes y programas educativos en el marco de la educación formal.

Difusión persuasiva o sensibilización en épocas críticas dirigida especialmente a la población que habita en las áreas de interfase ciudad-bosques y en las áreas rurales, a través de campañas de uso cuidadoso del fuego y de manejo de adecuado de la vegetación esto último como una herramienta eficaz de mitigación de los efectos e impactos de los incendios forestales. Gestión a desarrollar con especial énfasis durante la época del año de mayor riesgo de ocurrencia de incendios forestales.

Dos áreas enfocadas hacia el uso y manejo de los recursos forestales:

Regulación y tecnificación del uso del fuego como herramienta de trabajo silvoagropecaria, que permita por una parte disminuir la probabilidad de ocurrencia de un incendio forestal por esta práctica y por la otra dar a conocer alternativas de manejo y utilización de los residuos tanto agrícolas como forestales.

Silvicultura Preventiva, aplicación de técnicas de manejo de plantaciones forestales o bosques nativos con el propósito de modificar la estructura del combustible disponible y así satisfacer los objetivos de protección contra incendios forestales, asociando esta al mejoramiento de la producción del bosque y la calidad del medio ambiente. Si bien es cierto mediante las técnicas de Silvicultura Preventiva se pretende disminuir la amenaza y vulnerabilidad de incendios forestales, también se persigue utilizar la Energía que aportan los residuos forestales, en consecuencia es una gestión altamente rentable si la miramos desde la perspectiva que a través de ella damos una mayor seguridad al recurso forestal, aportamos energía al suelo y obtenemos subproductos secundarios del bosque.

Dos áreas de índole policial:

Investigación de Causas, que indaga el origen de los incendios forestales con el propósito de estructurar las campañas de educación y difusión de acuerdo a la propia realidad del territorio donde se presentan los incendios forestales.

Fiscalización punitiva, orientada hacia la educación, especialmente de los habitantes rurales, respecto del cumplimento de las normativas legales que regulan o limitan el uso del fuego.

Complementariamente un área dirigida a mitigar los daños ocasionados por los incendios forestales:

Manejo y restauración de áreas quemadas, si bien es ciertos, la pérdida de plantaciones forestales producto de los incendios forestales, desde el punto de vista del daño en la cobertura vegetal es importante, no es menos cierto que ésta es rápidamente recuperada, por las empresas forestales por nuevas plantaciones, situación distinta y menos probable por parte de los pequeños y medianos propietarios de estas. Pero si miramos esta situación desde el punto de vista económico, sin lugar a dudas ello ocasiona un quiebre en los procesos productivos, pérdida de stock en materias primas, pérdida en bonificaciones forestales y de la inversión en su manejo y protección como también un impacto en los costos de oportunidad. Otro aspecto importante es que a menor edad de la plantación el potencial de daño de estas aumenta significativamente.

La pérdida entre 1985 y 2009 alcanza a 174.246,81 hectáreas, con un promedio por temporada de 6.969,87 hectáreas, siendo la temporada 1998/99 la de mayor impacto con una superficie afectada de 31.368,64 hectáreas. Si se considera un promedio de 3 millones de pesos por hectárea (valor comercial de una hectárea de pino insigne de 20 años), se está hablando de cifras cercanas a los 40 millones de dólares de pérdidas por temporada.

Respecto de la vegetación nativa afectada por los incendios, la situación es diferente, el impacto mayor de ello es la pérdida de biodiversidad y de cobertura vegetal. En lo que dice relación con el arbolado nativo y con el denominado matorral, lo que en la práctica este último corresponde básicamente a bosque esclerófilo, su posibilidad de recuperación a su estado de sucesión original, es prácticamente mínima. Estando aquí el mayor impacto de los incendios forestales. La pérdida en arbolado nativo ha alcanzado las 247.311,89 hectáreas, con una pérdida promedio por temporada de 9.892.48 hectáreas, siendo la temporada 1997/98 la más crítica con 57.646,10 hectáreas afectadas. En lo referido al tipo matorral ha alcanzado las 224.295,65 hectáreas, con una pérdida promedio por temporada de 8.971,83 hectáreas, siendo la temporada 1988/89 la más crítica con 23.436,57 hectáreas afectadas. Dar un valor monetario a la pérdida de estos recurso sólo sería factible si reducimos su “valor” a los metros cúbicos de madera a extraer o los kilos de carbón que se puedan obtener de él. El otro componente de la vegetación nativa es el pastizal o praderas naturales, con un total de 176.399,20 hectáreas y un promedio de 7.055,97 hectáreas afectadas, donde, desde el punto de vista ambiental su daño es mínimo ya que esta cobertura se regenera naturalmente de un año a otro, pero su impacto está relacionado con la pérdida del sustento básico para la mediana y pequeña ganadería, mayoritariamente en la población rural de más limitados recursos económicos. Una aproximación al valor del daño es a través del forraje sustituto que se deba adquirir para sustentar el ganado en el área afectada.

En este punto es importante señalar la imperiosa necesidad de establecer planes de mitigación de estos daños, los que en la actualidad no existen sistematizados.

Combate

Por otra parte el combatir un incendio forestal ya generado, requiere de la estructuración de todo un sistema especializado, organizado y coordinado tanto regional como nacional, donde el recurso más importante es: el personal.

Es así como la Corporación Nacional Forestal, cada época de mayor riesgo de incendios forestales contrata, capacita y equipa a alrededor de 1.400 combatientes desde la Región de Coquimbo a la Región de Magallanes. Con ellos se estructuran alrededor de 80 unidades de prevención y control de incendios forestales, conformadas por jefes y combatientes que residen durante esta época en bases de brigadas, ubicadas en áreas de mayor riesgo y ocurrencia, y dotadas con equipos y herramientas especializadas para extinguir los incendios forestales. Sistema similar tienen estructurada las principales empresas forestales del país las cuales en su conjunto contratan alrededor de 1.300 combatientes e implementan 95 unidades de prevención y control. Sin embrago, estos recursos nunca serán suficientes ante la imprudencia de la población, ni frente a condiciones climáticas y ambientales de alta influencia en la propagación del fuego.